Apego evitativo y ansioso en hombres y mujeres: ¿en qué se diferencian?
Se suele pensar que los hombres evitan más la cercanía y que las mujeres sienten más ansiedad. Vemos qué confirma la investigación y qué es simplemente un estereotipo muy extendido.
¿Hay diferencias según el sexo?
Según distintos estudios, los hombres obtienen de media puntuaciones algo más altas en evitación y las mujeres, en ansiedad. Pero son diferencias pequeñas y en algunas muestras ni siquiera aparecen.
La crianza, la cultura y la experiencia de relaciones anteriores influyen mucho más en el apego. Si a un niño le decían «no llores» y a una niña «no molestes», eso pesará en sus relaciones adultas más que el sexo en sí.
Por eso no se puede adivinar el tipo de alguien por su sexo. Hay muchos hombres con apego ansioso, muchas mujeres con apego evitativo y, en ambos casos, bastantes personas con apego seguro.
Otro factor es la edad y la etapa vital. Según distintos estudios, en la juventud la ansiedad suele ser más alta de media, y con los años y la experiencia de relaciones estables a menudo disminuye, tanto en hombres como en mujeres.
Cómo se ve el apego evitativo
La esencia de la evitación es la misma: cuando la cercanía se vuelve excesiva, aparecen las ganas de retroceder y recuperar espacio propio. Desde fuera puede verse de formas distintas.
En los hombres, la evitación se confunde a menudo con «carácter fuerte»: no escribe durante el día porque está ocupado, en una discusión se calla y se va a otra habitación, y a la pregunta «¿qué sientes?» responde «todo bien». La propuesta de conocer a la familia siempre se queda para más adelante.
En las mujeres, la evitación a veces se disfraza de independencia y de agenda siempre llena: trabajo, deporte, amigas y ni una sola tarde libre para estar en pareja. Puede coquetear con soltura, pero convierte en broma cualquier conversación sobre el futuro. Lo que hay detrás, en ambos casos, no es frialdad, sino la costumbre de arreglárselas en solitario.
Cómo se ve el apego ansioso
El apego ansioso es como una alarma muy sensible: cualquier cambio en el comportamiento de la pareja se percibe como una posible señal de que algo va mal.
En las mujeres es más fácil notarlo, porque la cultura les permite hablar más de sus sentimientos. Relee los mensajes, ve que él estuvo «en línea» sin contestar, escribe otro mensaje y luego se arrepiente. Si se caen los planes del fin de semana, no piensa «son cosas que pasan», sino «seguro que ya se ha cansado de mí».
En los hombres, la ansiedad suele esconderse tras los celos, las ganas de controlar o la irritación. Puede molestarse cuando su pareja se va el fin de semana con amistades, pedirle que llame durante el viaje o reaccionar con brusquedad cuando tarda en contestar. Desde fuera parece autoritarismo, pero por dentro es el mismo miedo a dejar de ser necesario.
Por qué estorban los estereotipos
Frases como «todos los hombres le temen al compromiso» o «las mujeres siempre se montan películas» parecen inofensivas, pero impiden ver a la persona concreta. Un hombre con apego ansioso se avergüenza de lo que siente porque «eso no es de hombres». Una mujer con apego evitativo oye que «algo le pasa» porque no sueña con casarse.
Los estereotipos también perjudican a la pareja. Si das por hecho que tu pareja calla «porque es hombre», no le preguntarás qué está pasando de verdad. Es mucho más útil hablar de comportamientos y sentimientos concretos que de «cómo son todos».
Por ejemplo, en lugar de «eres como todos, solo piensas en ti», puedes decir: «cuando te pasas toda la tarde en silencio después de una discusión, me entra ansiedad; pongámonos de acuerdo en cómo hacerlo más fácil para los dos».
La pareja «ansioso + evitativo»
Es una de las combinaciones más reconocibles. Una de las dos personas busca acercarse: escribe, propone quedar, quiere hablar de la discusión ya mismo. La otra se aleja ante esa presión: contesta más escueto, se queda más tiempo en el trabajo, pide «tiempo». Cuanto más persigue una, más se aleja la otra, y el círculo se cierra.
Conviene recordar que en esta pareja los papeles pueden repartirse de cualquier manera. Ella puede tener el apego ansioso y él, el evitativo, pero igual de a menudo ocurre al revés, y en las parejas del mismo sexo esta combinación es igual de frecuente.
Estas relaciones no están condenadas. Cuando ambas personas entienden su estrategia, la persecución y la huida dejan paso a un acuerdo, por ejemplo: «necesito una hora de silencio después de discutir, pero te prometo que volveremos a hablarlo».
Qué hacer con esto
El primer paso es conocer tu perfil, no adivinarlo por tu sexo. El test te mostrará dónde estás en las escalas de ansiedad y de evitación, y entenderás mejor qué situaciones activan más tu estrategia.
Luego ayudan cosas sencillas: poner en palabras tus necesidades («me da calma que me avises si vas a llegar tarde»), acordar pausas en las discusiones y notar cuándo, por costumbre, persigues o huyes. Si los viejos guiones se repiten de una relación a otra, el trabajo con un psicólogo o una psicóloga puede ser un buen apoyo.
Y lo más importante: ninguna estrategia convierte a nadie en mala pareja. Todas ayudaron alguna vez a salir adelante, y ahora se pueden volver un poco más flexibles.
Si tienes pareja, podéis hacer el test los dos y comparar resultados. Es una buena excusa para hablar con calma de lo que cada cual necesita para sentirse a salvo en la relación.
Artículos relacionados
Hacer el test gratis – 10 minutos