Seguro y seguro
Una pareja estable en la que pedir y dar resulta tranquilo para ambas personas.
Cuando las dos personas se sienten con seguridad en la cercanía, la relación respira con facilidad. No adivináis qué significa el silencio de la otra persona, habláis con calma de lo que deseáis y no vivís las tardes por separado como una amenaza. Hay discusiones, pero suelen terminar en una conversación, no en una guerra fría.
Los roces en esta pareja suelen tener que ver menos con el apego y más con la convivencia, el temperamento y los distintos planes de vida. También hay un riesgo silencioso: cuando todo está en calma, es fácil dejar de invertir en la relación, con menos atención, menos experiencias nuevas y más rutina.
Qué ayuda: no dar la calma por sentada. De vez en cuando, organizad una noche «como al principio», hablad no solo de asuntos prácticos, sino también de sueños, y fijaos en lo que ha cambiado en cada cual. La seguridad es una base sólida, pero lo que mantiene viva la relación es el interés mutuo.
Si una de las dos personas atraviesa una etapa difícil, la seguridad puede tambalearse por un tiempo. Es normal: en esos momentos importa que la otra persona siga cerca y no le exija recuperarse rápido.
Otra fortaleza de esta pareja es saber reconciliarse. Ambas personas saben que un desencuentro no anula el amor, por eso cualquiera de las dos puede dar el primer paso.
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