Evitativo y evitativo
Una pareja tranquila, con respeto por el espacio personal y riesgo de distanciarse.
Dos personas con apego evitativo rara vez discuten por falta de atención. Cada una valora su autonomía, nadie pide explicaciones de cada paso y ambas tienen sus propios intereses y amistades. Estas relaciones pueden resultar muy cómodas: tranquilas, libres, sin dramas.
Aquí los roces no son evidentes. Los problemas no se hablan, se aplazan, porque hablar de sentimientos resulta incómodo para ambas. Con el tiempo, la pareja puede convertirse en dos personas que comparten piso, se llevan bien, pero saben poco de la vida interior de la otra. En un momento difícil resulta que apoyarse mutuamente cuesta: nadie tiene la costumbre de pedir.
Qué ayuda. Reservar a propósito tiempo para hablar de algo más que de asuntos prácticos: qué os alegra, qué os inquieta, qué deseáis. Se puede empezar por algo pequeño, por ejemplo, compartir una vez por semana durante la cena algo que os haya afectado. Aprender a pedir ayuda, aunque sea en cosas pequeñas.
El respeto por la libertad es la fortaleza de esta pareja. Si se le suma un poco de apertura, la relación se vuelve no solo tranquila, sino también cercana de verdad.
Si una de las dos personas atraviesa una etapa difícil, a la otra le conviene preguntarle directamente cómo puede ayudar, en lugar de esperar a que se lo pida.
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