Ansioso y evitativo
La trampa frecuente de «perseguir y alejarse», de la que se puede salir si ambas personas la ven.
Es una de las parejas más frecuentes, y no por casualidad. A la persona ansiosa le atrae la contención de la evitativa, y a la evitativa, la calidez y la implicación de la ansiosa. Cada una parece encontrar en la otra lo que a ella misma le falta.
El problema es que las estrategias se refuerzan mutuamente. Cuanto más busca cercanía la persona ansiosa (escribe, llama, pide hablar), más ganas tiene la evitativa de retroceder. Y cuanto más se aleja esta, más crece la ansiedad de la primera. Así se forma el círculo cerrado de «perseguir y alejarse», en el que ambas personas se agotan y sienten que no se las entiende.
No es una condena. Se puede salir del círculo si ambas lo ven y llegan a acuerdos. La persona ansiosa: hacer una pausa antes de otro intento de llegar a la otra y expresar su necesidad en una sola frase clara. La persona evitativa: no desaparecer en silencio, sino explicar («necesito dos horas de silencio, luego hablamos») y volver de verdad.
Ayudan los rituales acordados de antemano: una llamada corta por la noche, un día libre en común y otro por separado. A muchas de estas parejas les ayuda notablemente una consulta con un profesional de la psicología, donde se puede analizar con calma qué pasa en los momentos de discusión.
Conviene recordar que ninguna de las dos lo hace por fastidiar. Cada una se protege como aprendió a hacerlo, y entenderlo ya baja la tensión.
Hacer el test gratis – 10 minutos