Ansioso y ansioso
Una pareja con mucha ternura y un miedo compartido a perderse.
Dos personas con apego ansioso entienden muy bien la necesidad de cercanía de la otra. Mensajes frecuentes, conversaciones largas, ganas de pasar mucho tiempo en compañía: para ambas es lo natural, y nadie siente que es «demasiado». Al principio, estas relaciones suelen ser muy cálidas e intensas.
Los roces aparecen cuando la ansiedad se activa en las dos a la vez. Una tarda en contestar, la otra se inquieta y manda un mensaje brusco, la primera se asusta y también se pone a la defensiva. Un pequeño episodio crece enseguida, porque no hay quien calme a la otra: cada una espera que la calmen a ella.
Qué ayuda. Acordar reglas claras: por ejemplo, avisar si no vais a poder contestar durante unas horas. Aprender a calmarse por cuenta propia (con un paseo, una llamada a una amistad, unas líneas en un diario) antes de escribir a la pareja. Y hablar del miedo directamente: «tengo ansiedad» en lugar del reproche «otra vez desapareces».
Es importante que cada cual conserve su propia vida fuera de la pareja. Así la relación deja de ser el único apoyo y se vuelve más tranquila.
La buena noticia: dos personas con apego ansioso saben valorar el cuidado y lo dan con generosidad. Si a eso se le suma un poco de calma, la calidez se convierte en un apoyo sólido.
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